Esta es la melodía solemne de la Salve Regina correspondiente al rito romano. Se remonta al S.
XI.
* * *
Aquí se
puede escuchar online o descargar
esta antífona cantada por el Coro del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote.
Esta es la melodía solemne de la Salve Regina correspondiente al rito romano. Se remonta al S.
XI.
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Aquí se
puede escuchar online o descargar
esta antífona cantada por el Coro del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote.
Traducción
Creo
en un solo Dios, Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo
visible y lo invisible.
Y
en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de
todos los siglos.
Dios
de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero.
Engendrado,
no creado, consubstancial al Padre; por quien todo fue hecho.
Que
nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos.
Y
por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen y se hizo hombre.
Y
por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilatos. Padeció y fue
sepultado. Y resucitó al tercer día según las Escrituras.
Subió
a los cielos y está sentado a la derecha del Padre.
Y
de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. Y su reino no
tendrá fin.
Creo
en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo. Que
con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria y que habló por los
profetas.
Creo
en Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Confieso
que hay un Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero
la resurrección de los muertos.
Y
la vida del siglo venidero. Amén.
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Todos
los domingos, días de precepto y algunos días festivos, se canta el Credo o
“Símbolo de la fe”.
Es
una afirmación rotunda de la fe que le ha sido anunciada en el Evangelio.
El
texto de este Credo no es el llamado de los Apóstoles, que se aprende en el catecismo,
sino otro más largo y más explícito, redactado en el concilio de Nicea (a. 325)
y completado en el de Constantinopla (a. 381), para refutar ciertas herejías
entonces incipientes en Oriente.
Los
orientales empezaron a cantarlo en la Misa en el siglo V. En el siglo VI lo
introdujo en España el concilio de Toledo (a. 589). En Francia entró en el
siglo VII, y en el IX en Alemania. En Roma lo introdujo Benedicto VIII, en el
siglo XI, por sugerencia de San Enrique Emperador; no habiéndolo usado antes
por no haber tenido la Iglesia romana hasta entonces ninguna herejía que
combatir.
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Aquí se
puede escuchar o descargar el Credo I registrado por los monjes de la Abadía Saint–Maurice
et Saint–Maur de Clervaux.
Traducción
1. Salve,
estrella del mar,
Madre santa
de Dios
y siempre
Virgen,
feliz
puerta del cielo.
2. Aceptando
aquel «Ave»
de la
boca de Gabriel,
afiánzanos
en la paz
al trocar
el nombre de Eva.
3. Desata
las ataduras de los reos,
da luz a
quienes no ven,
ahuyenta
nuestros males,
pide para
nosotros todos los bienes.
4. Muestra
que eres nuestra Madre,
que por
ti acoja nuestras súplicas
Quien
nació por nosotros,
tomando el
ser de ti.
5. Virgen
singular,
dulce
como ninguna,
líbranos
de la culpa,
haznos
dóciles y castos.
6. Facilítanos
una vida pura,
prepáranos
un camino seguro,
para que
viendo a Jesús,
nos
podamos alegrar para siempre contigo.
7. Alabemos
a Dios Padre,
glorifiquemos
a Cristo soberano
y al
Espíritu Santo,
y demos a
las Tres personas un mismo honor.
Amén.
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Este
himno del siglo IX se canta en las Vísperas de las fiestas de la Santísima
Virgen María.
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Aquí se
puede escuchar o descargar este himno registrado por los monjes de la Abadía de
Fontgombault.
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Aquí se
puede leer la traducción en versos de Francisco Luis Bernárdez.
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Ésta es
una traducción de este himno atribuida a Lope de Vega:
Salve,
del mar Estrella,
Salve,
Madre sagrada
de Dios y
siempre Virgen,
puerta
del cielo santa.
Tomando
de Gabriel
el Ave,
Virgen alma,
mudando
el nombre de Eva,
paces
divinas trata.
La vista
restituye,
las
cadenas desata,
todos los
males quita,
todos los
bienes causa.
Muéstrate
Madre, y llegue
por Ti
nuestra esperanza
a quien,
por darnos vida,
nació de
tus entrañas.
Entre
todas piadosa,
Virgen,
en nuestras almas,
libres de
culpa, infunde
virtud
humilde y casta.
Vida nos
presta pura,
camino
firme allana;
que quien
a Jesús llega,
eterno gozo
alcanza.
Al Padre,
al Hijo, al Santo
Espíritu
alabanzas;
una a los
tres le demos,
y siempre
eternas gracias.
Traducción
Sal. 95, 6.2
Alabanza
y hermosura ante su vista, la santidad y la magnificencia en su santuario. Sal. Cantad al Señor un canto nuevo, cantad al Señor toda
la tierra. Gloria al Padre.
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Dice el
Martirologio Romano del 6 de agosto: "En Roma, en la vía Tiburtina, el
triunfo de san Lorenzo Arcediano, el cual, en la persecución de Valeriano,
después de muchísimos tormentos de cárcel, varios azotes, varas, plomadas y
láminas candentes, por último asado en unas parrillas de hierro, consumó el
martirio. Su cuerpo fue sepultado por san Hipólito y el Presbítero Justino en
el cementerio de Ciríaca, en el campo Verano".
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Aquí
se puede escuchar o descargar el introito registrado por monjes benedictinos de Francia.
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Todo el
salmo 95 celebra la venida del Mesías y la propagación del Reino en el mundo
entero y profetiza la segunda venida.
Traducción
En los
coros celestes
resuene una
nueva armonía
al son en
un nuevo cántico.
A ella
responda en esta vida
la melodía
de nuestro coro
que se
alegra con Domingo.
Desde
Egipto desolado
llama al
hombre amado
el Hacedor
del mundo.
En la barquilla
de la pobreza
atraviesa
el río de la vanidad,
por la
salvación de los pueblos.
Bajo
figura de cachorro
el predicador
del mundo
fue preanunciado
a su madre.
Llevando
en la boca una antorcha,
a la ley
de la caridad
él exhorta
a los pueblos.
Es el
nuevo legislador,
es émulo
de Elías,
que
detesta el mal.
Ahuyenta
las zorras de Sansón,
y con la
tromba de Gedeón,
hace huir
los ejércitos enemigos.
Resucita
de entre los muertos,
a un hijo
restituido vivo a su madre,
viviendo
él todavía.
Con la señal
de la cruz cesó la lluvia,
una multitud
de hermanos comió pan,
mandado como
don de Dios.
Feliz
quien por el cual
ya toda
la Iglesia rebosante de gozo
es
exaltada.
Llena el
mundo de la semilla:
entre las
huestes celestiales
finalmente
recibe su puesto.
El grano yace
oculto,
la
estrella se esconde en la penumbra:
pero el Creador
de todo
hace brotar
los huesos de José,
y refulgir
a la estrella
por la
salvación de las naciones.
Muestra
de su virginidad
es que supera
todo perfume
la
fragancia de su sepulcro.
Los
enfermos acuden, y son sanados
los
ciegos y los tullidos son curados,
con
frecuentes milagros.
Ensalcemos
a Domingo
hacedor
de prodigios
en voz
alta.
Un clamor
pidiendo sufragios
siguiendo
sus huellas
la gente
necesitada.
Y tú, padre
tierno y buen
pastor del
rebaño y patrono
con oración
siempre solícita.
En la
corte del Rey supremo,
la suerte
del rebaño,
encomienda
por los siglos.
Amén.
Aleluia.
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Es la secuencia que en el rito dominicano se canta el día de Santo Domingo. Su composición se atribuye al obispo dominico Constantino de Orvieto, autor de una de las primeras biografías de Santo Domingo. La habría compuesto hacia 1246. Esta secuencia figura ya en el Ordinarium del B. Humberto de Romans de 1256, prototipo de la liturgia dominicana, pág. 202.
También
los misales franciscanos incluyen esta secuencia.
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En las
primeras estrofas evoca a Santo Domingo con referencias a personajes bíblicos,
luego ilustra episodios de su vida, para finalmente concluir con una plegaria.
Un
acabado comentario a esta secuencia se puede encontrar en el libro de A. Byrnes
O.P. (1887-1961) The Hymns of the Dominican Missal and Breviary, págs. 410-418.
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Aquí
se puede escuchar o descargar la secuencia registrada por los frailes dominicos
de la provincia de Irlanda.
Traducción
Sedulio, Carmen Paschale II, 63-63. Sal. 44, 2
Salve,
santa Madre, que has dado a luz al Rey que reina sobre cielos y tierra por los
siglos de los siglos. Sal. Mi corazón
ha prorrumpido una palabra buena; yo dedico mis obras al rey. Gloria al Padre.
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Desde el
siglo IX se dedicó el día sábado a la Santísima Virgen María y se buscaron diversos
formularios para la Misa y el Oficio Divino. Esta iniciativa, atribuida a
Alcuino, fue confirmada en el siglo XI por el papa beato Urbano II, quien ordenó que los días
sábado en los que no cayese alguna fiesta se celebre la memoria de Santa María.
Uno de
esos formularios es el introito Salve,
sancta parens. Está tomado del Carmen
Paschale del poeta latino Sedulio y se canta con la melodía del introito de Epifanía Ecce advenit.
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Aquí se puede escuchar o descargar el introito registrado por los monjes de la Abadía Notre–Dame de Fontgombault.
El monje de la Abadía Santo Domingo de Silos, Dom Casiano Rojo, preparó un suplemento al Kyrial tomando melodías de los códices hispánicos. Dom Casiano murió en 1931. En 1934 Dom Germán Prado publicó ese suplemento.
Éste es
el Kyrie Nº 1 del suplemento, llamado Deus
miserator (Dios compasivo), del códice del Monasterio de San Millán de la Cogolla. Data del siglo XI.
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Aquí
se puede escuchar o descargar el Kyrie registrado por los monjes de la Abadía
Santo Domingo de Silos.